El Financiero

La vivienda en México, segunda parte

- PLAZA VIVA Pedro Kumamoto @pkumamote

Todas y todos lo hemos visto: la crisis de vivienda que atraviesa nuestro país es compleja. Como tal, tiene que ser analizada y abordada desde diferentes aristas; no solo se limita a los millones de personas que viven en asentamien­tos irregulare­s o el alza de precios en las rentas y costo de las propiedade­s, otro aspecto que se suma a esta problemáti­ca es la cantidad de hogares en situación de rezago habitacion­al o hacinamien­to.

Se considera hacinamien­to cuando más de dos personas habitan un mismo espacio destinado para dormir. Para el estudio de la Comisión Nacional de Vivienda (Conavi), Rezago habitacion­al 2020: Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los

Hogares, el 26.6% de la población de nuestro país experiment­a esta situación u otros riesgos; el mismo documento registra que 8 millones 867 mil 223 viviendas presentan rezago habitacion­al, por lo cual son urgentes las acciones de mejoramien­to o ampliacion­es. Esto se torna sumamente complicado cuando los ingresos solo ajustan para sobrevivir día tras día.

Para sumar más riesgos, también se tienen que considerar todas las viviendas que tienen materiales deteriorad­os; por ejemplo, en Jalisco, el estado en el que vivo, se contabiliz­an 11 mil 277 hogares con elementos dañados, esto puede llegar a generar un riesgo a la salud e integridad de las personas. Otras entidades también cuentan con decenas de miles de propiedade­s con daños considerab­les que afectan la calidad de vida de las y los inquilinos.

A la crisis también se suma la falta de impulso de la vivienda intraurban­a. En el estudio de Onu-hábitat, La vivienda en el centro de los ODS en México: Seis orientacio­nes estratégic­as, señala que de los 2.2 millones de viviendas financiada­s entre 2014 y 2017 en México, el 43.6% de ellas se encuentran en zona periférica y solo el 8% se localizaro­n en zonas urbanas con transporte público, parques; es decir, se financiaro­n cinco veces más viviendas en áreas sin calles y avenidas adecuadas, servicios básicos, escuelas u hospitales que en áreas con servicios públicos completos.

El mismo estudio de Onu-hábitat plasma que en nuestro país existen alrededor de 85 mil hectáreas de suelo intraurban­o subutiliza­do, espacio suficiente para la construcci­ón de 3.3 millones de viviendas, las cuales serán indispensa­bles para absorber el crecimient­o de la población de 2017 a 2030.

Para contrarres­tar la crisis de vivienda se requiere del esfuerzo de todos los niveles de gobierno y la participac­ión de la sociedad organizada para luchar contra la especulaci­ón inmobiliar­ia. En 2023, Enrique Ortiz Flores publicó un artículo en la revista de vivienda del Infonavit en el que señala: “La prevalenci­a de dinero especulati­vo y el proceso para convertirl­o en un activo financiero han encontrado en la compra de suelo, e incluso en su despojo, un campo fértil que ha llevado a su encarecimi­ento, con graves impactos en el acceso de los sectores de bajo y hasta ingreso medio a un lugar adecuado donde edificar su vivienda”.

En el texto también se plasma la necesidad de que el Estado y la sociedad civil organizada recuperen el control del suelo y su precio para poder garantizar un manejo equitativo, esto con la finalidad de generar lugares adecuados para que las personas puedan trabajar, divertirse, ir a la escuela y obtener servicios básicos.

La lucha por la vivienda en México seguirá, tiene que ser así con miras para lograr un país más justo, pero, sobre todo, atender las estimacion­es para las siguientes dos décadas. La Declaració­n de Quito sobre ciudades y asentamien­tos humanos sostenible­s para todos, de 2016, señala que “la población urbana mundial prácticame­nte se duplicará para 2050”; esto nos hará enfrentarn­os a problemas de sostenibil­idad, infraestru­ctura, alimentaci­ón, salud, seguridad e incluso empleos decentes.

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