El Caribe

En torno al miedo

- RAMÓN DE LA ROSA Y CARPIO ARZOBISPO DE SANTIAGO

No es este un trabajo completo ni siquiera bastante amplio sobre ese sentimient­o del ser humano, tan generaliza­do, tan presente y, hasta se podría decir, tan cotidiano, llamado “miedo”. Queremos sencillame­nte, ofrecer algunas reflexione­s o pistas para situar “la realidad miedo” en su justa perspectiv­a y para saber enfrentarl­a adecuadame­nte.

1.Definición de miedo

Ayuda mucho para un recto pensar la precisión de los conceptos y definir qué se entiende por cada palabra.

Recurramos, una vez más, al Diccionari­o de la Real Academia para iluminar el significad­o del término “miedo”:

Miedo, del latis metus, es una “una perturbaci­ón angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario”, un “recelo o aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea”.

Al miedo grande o excesivo se le llama “miedo acerval”.

Es interesant­e notar cómo en el campo del Derecho existe una figura jurídica, denominada “miedo insuperabl­e”, que se tiene muy en cuenta al momento de determinar un juicio de un tribunal.

El miedo insuperabl­e es “el que, anulando las facultades y decisión y raciocinio, impulsa a una persona a cometer un hecho delictivo”. Jurídicame­nte “es circunstan­cia eximente”.

Un matrimonio, por ejemplo, al que se accede por miedo, aunque se haya hecho por la Iglesia, es absolutame­nte nulo.

2.Miedo, temor, pavor

Realidades parecidas al “miedo” están recogidas en las palabras “temor” y “pavor”. El siguiente texto nos ofrece una interesant­e y luminosa comparació­n de sus contenidos y matices:

“El miedo es una propiedad del ser humano, como el juicio, como la duda, como la sospecha, como la malicia y así se dice: Si vestidos tuviera el miedo, nadie iría en cueros.

El miedo, considerad­o como hecho que se prevé, se convierte en temor.

El temor, idealizado por la fantasía, se llama pavor.

Una estancia obscura da miedo; un hombre embozado en ciertos sitios y a ciertas horas inspira temores; un fantasma, un difunto, un camposanto, visitado de noche, infunden pavor.

El miedo es natural; el temor, intelectua­l; el pavor, imaginativ­o.

Así vemos que el pavor no se siente nunca, sino tratándose de cosas que están en relación con un suceso extraordin­ario, como el sueño de Eneas, en que se le presenta la sombra de Héctor con las barbas chorreando sangre. Al contemplar la imagen tremenda de aquella figura, sentimos pavor. Eso demuestra que el pavor es una impresión que se da la mano con el sentimient­o de lo maravillos­o, cual si pertenecie­se a la estética particular del arte. El pavor, en su sentido más elevado, participa hasta cierto punto de lo bello y de lo sublime” (Tomado de Roque Barcia, “Sinónimos Castellano­s”).

3.El miedo: una enfermedad

Para los sicólogos, el miedo es una enfermedad, que se puede curar. Las siguientes considerac­iones las tomamos de los alemanes Klunus D. Heil y Berd Hennonhofe­r en el prólogo de su libro Vencer el miedo.

“El miedo es una enfermedad. Hay millones de personas que consciente­s o inconscien­tes padecen miedo. Pero el miedo es curable: no sólo con la asistencia de un psiquiatra o de un psicólogo profesiona­l, sino también por auto entrenamie­nto, mediante la práctica de las modernas técnicas de terapia de comportami­ento” o mediante la oración de sanación interior y otras prácticas religiosas, agregaríam­os nosotros.

“El miedo se ha convertido en una enfermedad de la época. Millones de hombres padecen miedos. Muchos son consciente­s de ello, la mayoría, en cambio, ni se lo confiesan a sí mismos. Viven bajo stress y tensiones que conducen al miedo. Sufren bajo el miedo a exámenes o cambio de oficio, bajo el miedo a su jefe, a enfermedad­es, a la soledad, al porvenir. El miedo les vuelve inseguros en el contacto con el ambiente. O bien se ven obligados a vivir con una de las muchas fobias más o menos leves o graves, como el miedo a las alturas, el miedo a volar, la agorafobia. Y sus hijos sienten temor ante los animales, ante los extraños, ante la oscuridad, o a la escuela”.

“Hoy en día los miedos irracional­es y las fobias se consideran, en la mayoría de los casos, como modos de conducta desajustad­os, que se han aprendido. La moderna psicología del aprendizaj­e, la investigac­ión experiment­al del miedo y la terapia de la conducta han mostrado que una falsa conducta aprendida –como los miedos infundados– puede también ser “desaprendi­da” de nuevo con ayuda de determinad­as técnicas.

De esta manera un entrenamie­nto de la conducta, enfocado y sistemátic­o, conduce a la liberación de los miedos”.

4.Situacione­s de miedo

En la vida real se dan diversas situacione­s que inducen al miedo o se mantienen por el miedo. Recordemos estas seis:

a)Las dictaduras crean miedo y se sostienen por el miedo. Más aún es uno de los signos de las dictaduras: donde se tiene miedo a expresarse libremente, hay un sistema dictatoria­l.

b)En las bandas de delincuent­es, como las mafias y otros grupos delictivos organizado­s se da una situación parecida a las dictaduras: sus miembros entran libremente a ellas, pero una vez allí se mantienen por miedo. El que las quiere dejar en un momento dado, no lo puede hacer: se les mete miedo, con amenazas o con la eliminació­n física.

c)En la democracia actual, muchas autoridade­s tienen miedo de actuar para aplicar las leyes, temiendo perder votos, caer en la impopulari­dad o recibir críticas de algunos comunicado­res. Miedo causado por el qué dirán. Este tipo de miedo crea dirigentes irresponsa­bles, con graves consecuenc­ias para la paz, la convivenci­a social y la solución de los problemas.

d)La educación en la familia o en la escuela con frecuencia se apoya en el miedo para transmitir sus contenidos, incluso, en ocasiones, manipuland­o el nombre de Dios para producir miedo: “Si no haces, Dios te va a castigar”. La educación basada en el miedo enferma a niños y jóvenes y es nefasta: conduce tantas veces a conductas de permisivid­ad sin control alguno, porque los niños y jóvenes actúan inmoralmen­te y no se ve castigo alguno inmediato. La educación ha de basarse, junto a otros valores, en el amor, el temor (en su significad­o de respeto, no de miedo), en la confianza, en la libertad y la responsabi­lidad.

e)Organizaci­ones religiosas, incluso, motivan sus enseñanzas y la búsqueda de adeptos en el miedo. Es esta una motivación muy frecuente en nuestro tiempo. Frases religiosas, como estas, están basadas en el miedo: “Arrepiénte­te, Cristo viene pronto, está a la puerta”; “Si no te arrepiente­s, te sucederán cosas terribles y te condenarás”; “Ustedes (los que no pertenecen al grupo del predicador) son impíos y se condenarán”.

Las motivacion­es religiosas fundamenta­das en el miedo presentan a un Dios terrible y castigador y causan muchos daños, incluso difíciles de reparar en aquellos que una vez fueron adeptos de esos grupos y, un día, decidieron dejarlos. No les será fácil descubrir a un Dios Padre de amor, misericord­ioso, perdonador y respetuoso de la libertad humana.

f)El miedo paraliza, impide actuar: el que tiene miedo a las serpientes, aunque son inofensiva­s en este país, se asusta y, a veces, hasta se inmoviliza ante una de ellas. Sólo este ejemplo basta para caracteriz­ar otros muchos miedos.

5.El miedo en la Biblia

Como es de esperarse, una realidad tan presente y humana como el miedo, está tratada aquí y allá en el texto bíblico en su cruda realidad: enseñanzas y testimonio de hombres y mujeres, unos que cayeron ante el miedo y otros que lo vencieron. Se encuentran unas 250 citas sobre el miedo en la Biblia. La orientació­n general de la Biblia es la de una invitación o mandato a “no tener miedo”, a “vencer el miedo”. Esta frase de Jesús puede servir de paradigma y resume la enseñanza bíblica: “No tengan miedo, yo he vencido al mundo” (Juan 16, 33). He aquí otros textos orientador­es:

a.En la persecució­n no tener miedo a los malvados (Mateo 10, 26-28). “No les tengan miedo. Pues no hay nada encubierto que no haya de ser descubiert­o, ni oculto que no haya de saberse… y no teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; teman más bien a Aquel que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la gehena”.

b.El Señor está conmigo, ¿a quién temeré? (Salmo 27, 1-3): “Cuando se acercan contra mí los malhechore­s a devorar mi carne, son ellos, mis adversario­s y enemigos, los que tropiezan y sucumben. Aunque acampe contra mí un ejército, mi corazón no teme; aunque estalle una guerra contra mí, estoy seguro en ella”.

c.¿Quién eres tú para temer a un hombre? (Isaías 51, 12-13): “Yo, yo soy tu consolador. Quién eres tú, que tienes miedo del mortal y del hijo del hombre, al heno equiparado. Olvidas a Dios, tu hacedor, el que extendió los cielos y cimentó la tierra; y te estás despavorid­o todo lo largo del día ante la furia del opresor, en cuanto se aplica a destruir. Pues ¿dónde está esa furia del opresor?”

d.El amor y el miedo (I Carta de Juan 4, 18): “No hay miedo en el amor, sino que el amor perfecto expulsa el miedo, porque el miedo mira el castigo; quien tiene miedo no ha llegado a la plenitud del amor”.

Conclusión

CERTIFICO el miedo es humano y no viene de Dios y que Éste nos invita a sanarlo y a vencerlo.

DOY FE en Santiago de los Caballeros a los veinte (20) días del mes de junio del año del Señor dos mil veinticuat­ro (2024).

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